Mi fiel amiga de cuatro patas mueve la cola al verme. Su confianza es total hacia mí. Sabe que la voy a llevar al Parque de El Retiro para que se revuelque en la hierba, huela, explore, corretee. Todo es alegría a su lado.

Llegamos a casa y después de comer, se tumba a mi lado y mientras la acaricio ronronea. Soy su refugio, también ella es el mío. Todo es seguridad y tranquilidad a su lado. Los problemas están afuera. El cariño, dentro.

Mi perra Luna

Esta noche se portó algo mal, tuvo su castigo merecido. Sin embargo, Luna es nobleza, sabe perdonar. No existe rencor en mi amiga. Y me vuelve a lamer la cara, es la autenticidad del amor.

Ahora, ya tiene 12 añitos, es mayor, hay que ir paso a paso, poco a poco. Con paciencia. Y aun así, tiene cualquier detalle que me arranca una sonrisa de mis labios.

Luna, mi perra preciosa, me enseña a valorar los pequeños grandes detalles de la vida y a ser mejor persona día a día. Los animales son puro amor. Te animo a que adoptes un perro… entenderás enseguida por qué te enseña tanto… ¡y más!

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  1. #1 Anónimo

    Hola Jorge, yo no tengo perros en casa, pero tengo un campeón de casi 5 años. En la vida me imaginé lo que se puede aprender de un niño. La sinceridad, la falta de rencor, lo apasionado que es con lo que le gusta. Me encanta que se tumbe conmigo en el sofá para que lo acaricie y le de mimitos. Es un momento mágico para los dos.