En el libro “El cerebro infantil: La gran oportunidad” del maestro José Antonio Marina, fundador de la Universidad de padres, se parte de una reflexión muy interesante: ¿cómo forjar la personalidad del niño para que sea capaz de desarrollarse en un entorno cambiante con las mejores armas posibles, como son el optimismo, la creatividad y la resiliencia, entre otros?

Para ello, la clave la tiene nuestra “plasticidad cerebral”, es decir, como digo en mis ponencias, la capacidad que tiene la estructura cerebral para modificarse con el aprendizaje y la experiencia. Nuestro cerebro no es estático, sino que evoluciona constantemente si se le estimula adecuadamente, así que el cerebro plástico de un niño le permite una mayor capacidad de adaptación o readaptación a los cambios externos e internos, aumentando sus conexiones con otras neuronas y hacerlas estables como consecuencia de la experiencia, el aprendizaje y la estimulación sensorial y cognitiva. Esto lo que quiere decir es que el medio ambiente influye mucho, ya que el mundo cognitivo, sensitivo, afectivo, verbal y motor modelan el cerebro de nuestros hijos. Son como esponjas, lo absorben todo.

El reto como padres es mejorar el desarrollo cerebral de nuestros hijos.

La forma como los padres criemos a nuestros hijos hará que ellos tengan mayor o menor plasticidad cerebral. Por ejemplo, si no los alimentamos bien, pueden tener dificultades en las conexiones neuronales; si no tienen una rutina de sueño o duermen las horas adecuadas, tendrán a largo plazo problemas de razonamiento y memoria, ya que son procesos registrados por el cerebro cuando se encuentra en la fase más profunda del sueño; y si tienen experiencias negativas o se desarrollan en un ambiente con carencias emocionales y culturales, pueden tener daños permanentes que se relacionan con dificultades de aprendizaje. Si, por el contrario, somos capaces de llevar a cabo una estimulación adecuada generando interés por las cosas, mediante los recursos ambientales que tienen a su alrededor (visuales, táctiles, auditivos, de movimientos, espaciales, afectivos, emocionales…) mantendrán un buen desarrollo cerebral.

La forma como los padres criemos a nuestros hijos hará que ellos tengan mayor o menor plasticidad cerebral.

¿Cómo podemos estimular a nuestros hijos para forjar esa personalidad que Marina mencionaba antes? como os he comentado los niños reciben estimulación por varias fuentes:

  • Desarrollo psicosocial: por ejemplo, evitar los momentos en los que estén cansados y medir para no sobrecargarlos de tareas y estímulos, leer antes de dormir, ponerles música en el coche, y establecer rutinas para comer, dormir y jugar que les ayuden a tener un marco de actuación y saber lo que se espera de ellos en cada momento.
  • Desarrollo emocional: desarrollar el buen humor, jugar con ellos (acompañados de canciones, palabras y sonrisas, porque las emociones juegan a nuestro favor y es importante que pasemos un buen rato juntos).
  • Desarrollo cognitivo: enfocar su educación en los procesos básicos de estimulación, que son la atención, la memoria y el razonamiento. Son fundamentales juegos y aprendizajes basados en estos 3 elementos.
  • Desarrollo social: nuestro cerebro es social por naturaleza, entonces, si ofrecemos a nuestros niños y adolescentes la oportunidad de aprender haciendo a través de un aprendizaje cooperativo, esto se traducirá según los expertos en un mayor rendimiento, ayudando a mantener relaciones más comprometidas, solidarias y una mayor autoestima de nuestros hijos.

Cuidar la mente de nuestros hijos debería ser una obligación para cualquiera de nosotros como padres. La estimulación mental es un recurso imprescindible para incrementar las capacidades, potencial y talento de nuestros chavales.

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  1. #1 Carlos Reyes

    Gran artículo Jorge. Una vez más gracias por ilustrarnos en temas tan complicados.